Cuando una identidad legítima también puede ser una amenaza

La ciberseguridad empresarial ya no consiste únicamente en proteger servidores, ordenadores o aplicaciones frente a ataques directos. Uno de los mayores retos actuales está en determinar quién está solicitando acceso a la información y si esa solicitud es realmente legítima.

Un reciente incidente relacionado con Revolut pone el foco sobre esta problemática. La compañía confirmó que había entregado datos sensibles de algunos clientes después de recibir una solicitud gubernamental que posteriormente resultó ser falsa.

El caso demuestra una realidad que afecta a cualquier organización que gestione información confidencial: un ataque no siempre empieza entrando en los sistemas. En ocasiones, empieza consiguiendo que una empresa confíe en una petición aparentemente legítima.

La ingeniería social también ataca a las empresas

Cuando hablamos de ciberataques solemos pensar en malware, ransomware, vulnerabilidades de software o accesos no autorizados.

Sin embargo, existe otra vía de ataque especialmente peligrosa: la ingeniería social.

El objetivo no es necesariamente vulnerar técnicamente un sistema, sino manipular a una persona o un proceso para conseguir que se realice una acción que favorezca al atacante.

Una solicitud de información aparentemente procedente de una administración, un proveedor, un cliente o incluso de un departamento interno puede parecer completamente legítima y, sin embargo, haber sido manipulada o falsificada.

Por eso, la seguridad de una organización no puede depender únicamente de si el correo electrónico, el usuario o el dominio parecen auténticos.

La identidad no debe darse por válida automáticamente

Uno de los principales aprendizajes que deja este tipo de incidentes es que identidad y legitimidad no son exactamente lo mismo.

Que una solicitud parezca proceder de una organización conocida no significa necesariamente que la petición sea válida.

En una empresa, una solicitud de información sensible debería activar diferentes mecanismos de comprobación:

  • ¿Quién está realizando la solicitud?

  • ¿Tiene autorización para solicitar esa información?

  • ¿Qué información está solicitando?

  • ¿Existe una justificación válida?

  • ¿El canal utilizado es el habitual?

  • ¿Se puede verificar la petición mediante un segundo canal?

  • ¿Queda registrada la operación?

  • ¿Se está aplicando el principio de mínimo privilegio?

Estas medidas son especialmente importantes cuando hablamos de datos personales, información financiera, credenciales, documentación corporativa o información de clientes.

La seguridad debe proteger también los procesos

Una infraestructura correctamente protegida puede reducir enormemente el riesgo de intrusión, pero no elimina todos los escenarios de ataque.

La seguridad debe extenderse a los procesos que rodean a la tecnología.

Por ejemplo, una empresa puede disponer de sistemas protegidos, copias de seguridad y herramientas de monitorización, pero si cualquier empleado puede facilitar información sensible después de recibir una solicitud aparentemente oficial, existe un punto débil en la estrategia de seguridad.

Por eso es necesario combinar diferentes capas de protección:

Infraestructura + identidad + accesos + monitorización + procedimientos + formación.

Ninguna de ellas debería funcionar de forma aislada.

Controlar quién puede acceder a la información

Otro aspecto fundamental es limitar el acceso a la información en función de las necesidades reales de cada usuario.

El principio de mínimo privilegio establece que cada usuario debe disponer únicamente de los permisos necesarios para realizar sus funciones.

Esto permite reducir el impacto potencial de una cuenta comprometida o de un error humano.

Además, los accesos a información crítica deberían quedar registrados y poder ser revisados posteriormente. Si se produce una operación anómala, disponer de trazabilidad facilita tanto su detección como la investigación posterior.

La monitorización permite detectar comportamientos anómalos

La monitorización proactiva también juega un papel importante dentro de esta estrategia.

No se trata únicamente de comprobar si un servidor está funcionando correctamente. Una estrategia de monitorización puede ayudar a identificar comportamientos anómalos, problemas de rendimiento, incidencias de seguridad o situaciones que requieren intervención antes de que tengan un impacto mayor.

La capacidad de detectar una anomalía rápidamente es especialmente importante cuando una empresa depende de sus sistemas para gestionar información crítica o prestar sus servicios.

¿Y si finalmente se produce un incidente?

Incluso con medidas preventivas, ninguna organización puede asumir que el riesgo es cero.

Por eso, la protección debe contemplar también la recuperación.

Contar con copias de seguridad independientes y protegidas permite disponer de una vía de recuperación ante diferentes escenarios: pérdida de información, errores humanos, ataques de ransomware o compromisos de sistemas.

En este punto, soluciones como el Backup Cloud y el Backup Antiransom forman parte de una estrategia de protección orientada no solo a evitar incidentes, sino también a reducir sus consecuencias.

La seguridad empresarial debe plantearse, por tanto, en dos dimensiones:

Prevenir el incidente y estar preparado para recuperarse de él.

La ciberseguridad no termina en el firewall

El caso de Revolut sirve como recordatorio de que los riesgos actuales son cada vez más complejos.

Proteger una empresa frente a las amenazas digitales requiere mucho más que instalar un antivirus o disponer de un firewall. Es necesario analizar cómo se gestionan las identidades, quién tiene acceso a la información, cómo se validan las solicitudes, qué actividad se monitoriza y cómo puede recuperarse la organización ante una incidencia.

La tecnología debe ir acompañada de procedimientos y controles adecuados.

En OnWork trabajamos la infraestructura IT, Cloud, seguridad, backup y monitorización desde una perspectiva integral, ayudando a las empresas a reducir riesgos y mantener el control sobre sus sistemas y su información.

Porque en ciberseguridad, una pregunta tan sencilla como “¿quién está solicitando esta información?” puede convertirse en una de las barreras más importantes frente a un ataque.

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